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fin del caso amey: quemad las naves, salvad la dignidad

agosto 25, 2009

por Mónica del Pilar Uribe Marín

Dos de los trabajadores que habían sido despedidos por Amey Plc en septiembre de 2008 y que pretendían lograr su reintegro e indemnización, perdieron recientemente la lucha jurídica que adelantaban hace casi un año. El veredicto es definitivo e inapelable y eso lo dejó claro un juez el pasado 10 de agosto: los demandantes habían difamado a la compañía al distribuir volantes donde el nombre de Amey y de su mananger, Laura Jordan, iban mayúsculas y negrillas, algo supuestamente fuerte e “imperdonable” en el idioma inglés.

Por esa razón Julio Mayor y Pedro Rengifo perdieron sus demandas, sus cargos y el dinero ofrecido (ése con el cual buscaban comprar su silencio; ése que rechazaron con y por dignidad).

Sin embargo, no tienen sentimiento de derrota… En los naufragios también hay conquistas.: hicieron visible la persecución de inmigrantes que se organizan para reclamar sus derechos, confirmaron que existe solidaridad, aprendieron e, incluso, siguieron adelante cuando se hallaron solos. Vencieron miedos, derrumbados mitos.

Julio Mayor lo explica bien: “En la negociación hicimos lo que creímos conveniente: sentar un precedente en contra de los abusos de los empleadores. En lo personal enfrentamos a una multinacional como Amey, cuyos argumentos fueron muy pobres. Fuimos muy contundentes para demostrar que la manager y Amey habían actuado fuera de la ley. Y así, incluso, no los hizo saber el juez. Nos sentimos satisfechos por lo que hicimos.”

La lucha

Fue una pelea extensa, extenuante, cambiante y aleccionadora. “El caso Amey” permitió exponer una situación reiterada y conscientemente ignorada: la explotación de los inmigrantes “ilegales” y la persecución de aquellos que se organizan (sindicalizándose o no) para impedirlo. Pero sobre todo mostraron la alianza innegable que existe entre compañías, policía de inmigración y organismos del Estado para aplicar las políticas de inmigración. Más aún cuando ello permite a las empresas no responder por sus trabajadores, explotarles a su antojo y deshacerse de ellos cuando se les vuelven una molestia. Bajo la excusa de sus “no papeles” (para eludir pagos y su obligación de mejorar las condiciones laborales) les entregan mediante celadas.  El resultado: miles de inmigrantes explotados sin retorno, retenidos, detenidos y deportados en procesos que violan sus mínimos derechos y anulan sus protestas;  y centenares de compañías inmunes e impunes, conocedoras y cómplices de la situación de “los ilegales” (pues les contratan conociendo su estatus y hasta les facilitan medios e información para trabajar…. “legalmente”).  Una justicia injusta donde el extranjero pierde desde todos los ángulos.

Junto al “caso Amey” sucedieron otros – simultáneos, previos o posteriores – de similar factura: empresa contrata inmigrantes, sabe de su ilegalidad, les explota, inmigrantes protestan, Inmigración “aparece”, los dineros no se pagan, las deportaciones aumentan sin cesar, los explotadores repiten el ciclo y no se les juzga.

Por eso, aquellos que están convencidos de la necesidad de detener esta caída sin retorno, rodearon sin dudarlo a Julio y compañeros despedidos. Caic (Campaign Against Immigration Controls) conoció el caso, su lucha y les apoyó y unidos efectuaron numerosas manifestaciones en Inglaterra que fueron redoblándose y consiguieron la solidaridad de “No Borders”, “Latin American Workers’ Association”, universidades, medios de comunicación, organizaciones defensoras de derechos humanos, individuos y colectivos de todo el país.

Los obstáculos

Pero, con el tiempo, la logística jugó en contra de los cinco cleaners,  pues las reuniones para definir estrategias se realizaban principalmente en días laborales, y Julio y sus compañeros trabajaban en horas la noche, de lunes a viernes.

Además, después de que Acas (Advisory, Conciliation and Arbitration Service)  les llamara para conciliar, ellos  rechazaron la oferta que les hiciera Amey: entregar £3000 a cada uno de los querellantes. Entonces, recuerda Julio, “el  sindicato Prospect, en una clara defensa de Amey, argumentó que la compañía había gastado mucho dinero en los procesos disciplinarios y de investigación y, por tanto, deberíamos ser más consecuentes. Pero nosotros le dijimos que esta situación la había generado Amey y no nosotros. Nuestra posición hizo que Prospect nos retirara definitivamente su ayuda legal.”

Por su parte Unite, que también les había apoyado, soltó las riendas después de lo ocurrido en el Tribunal de Empleo. “En ese momento éramos tres los afiliados a Unite. Los abogados que nos habían asignado dijeron que no veían ninguna posibilidad de éxito, pues nosotros habíamos difamado de la compañía y, por ende, nuestro despido había sido justo.”

En el transcurso de la disputa muchas organizaciones expresaron su interés por ayudarle en caso de que los sindicatos no les representaran. Desafortunadamente, no ocurrió nada. La percepción de Julio es que “nadie estaba ya interesado por nuestro caso pues ya no éramos cinco como al inicio, sino que quedábamos dos.”

Jorge Loaiza y Rubén Jiménez habían abandonado la pelea porque no tenían tiempo para asistir a reuniones ni a las citas en el tribunal. Entonces Rengifo y Julio decidieron siguieron adelante, por su cuenta.

Los antecedentes

Había mucho en sus recuerdos como para echar marcha atrás, con o sin sindicatos, solos o acompañados. En su memoria estabas intactos los sucesos de mayo de 2007 cuando fueron deportados tres limpiadores y despedidos otros cuatro.

Días atrás, los 36 latinoamericanos contratados por Amey para limpiar las instalaciones del National Phisycal Laboratories habían marcado su destino. Cansados de tolerar los abusos de Amey – y aprovechando que estaban organizados – empezaron a protestar  porque, sin razón alguna,  la compañía había decidido reducir salarios y personal, duplicar labores, reubicarles de manera permanente e injustificada y desconocer normas de salud y seguridad.

Al comienzo creyeron que Amey reconsideraría su comportamiento, pero lo único que lograron fue una traición: Amey les convocó a una reunión… a la que llegaron más de 60 policías de Inmigración. Una redada, una celada que se llevó a varios de ellos…

Quienes sobrevivieron a la emboscada redoblaron sus protestas verbalmente y por escrito, individual y públicamente. Esta vez lo hicieron por las injusticias laborales generadas por Amey y porque les obligaban a trabajar el doble, ya que no habían conseguido quien llenara las vacantes de los “deportados”. Pero también protestaban por la forma en que sus compañeros habían sido silenciados. Distribuyeron volantes explicando el caso y sus voces gritaban nombres e injusticias.

Las consecuencias de su audacia no se hicieron esperar: fueron despedidos porque, a juicio de la compañía, “sus acciones dañaban la imagen de la empresa”.

No les quedó otro remedio que demandar a Amey y llegaron, incluso, ante un Tribunal de Empleo, arguyendo despido injusto, discriminación racial y falta de garantías en salud y seguridad.

Buscaban ser reintegrados a sus cargos y una compensación económica por los daños causados ante el tiempo obligatoriamente transcurrido sin recibir remuneración alguna.

Entonces, el 10 de febrero de 2009  Amey se reunió con ellos y con quienes les representaban en los sindicatos Prospect y Unite. También estuvo ACAS (Advisory, Conciliation and Arbitration Service). Amey quería llegar a un acuerdo y propuso darles la tercera parte del monto que solicitaban a nivel económico, pero no planteó su reintegro. Les dijo que el 17 de febrero vencía el plazo para dar ellos dieran una respuesta. Ésta fue “No” por ser una oferta “inapropiada e injusta, teniendo en cuenta las pérdidas y daños causados”.

Prospect les había aconsejado aceptarla y retirar la demanda ante el Tribunal. Les advertían que de no hacerlo el “sindicato podría quitarles su respaldo legal”.

Y así fue. Después Unite hizo lo mismo, les retiró su apoyo. Como una vez lo explicara Julio Mayor: “Es política de los sindicatos que cuando un sindicato quita un respaldo, los otros por ‘solidaridad’, también lo hacen. Eso no tiene sentido pues cuando los trabajadores se afilian a un sindicato lo hacen para recibir 100% de los beneficios del sindicato. Estar afiliado permite obtener el respaldo de algunas organizaciones o campañas que no dependen de los sindicatos, y esto ayuda mucho a desarrollar un trabajo más amplio a nivel de luchas.”

El abandono no les sorprendió. En ese momento, en declaraciones dadas a la prensa, Julio manifestó que no le causaba extrañeza que se retiraran. “En el pasado – explica –  he visto la misma actitud de los sindicatos: ellos, para representar o dar asesoría legal a un trabajador ante un tribunal, deben tener más del 60% de posibilidades de tener éxito. Si no es así, no dan la pelea, ya que según los sindicatos pierden imagen y ellos la cuidan mucho. Los sindicatos en este país no están para perder sino sólo para ganar.”

Julio y sus compañeros supieron que debían seguir por su cuenta, buscar representación independiente, sin los sindicatos, y advirtieron: “Con ellos o sin ellos seguiremos adelante. Continuaremos luchando pase lo que pase, incluso si perdemos la oferta hecha por Amey”.

“¿Qué otra opción teníamos? Las únicas opciones eran la de sacar el caso del tribunal y la de representarnos a nosotros mismos. Optamos por la última.”

Sí, perdieron, pero la experiencia fue positiva pues les enseñó que los trabajadores pueden llegar hasta un tribunal “sin estar mendigando la representación en los sindicatos. Los sindicatos no hacen que uno sienta que ellos le están prestando un servicio a los trabajadores, sino como si estuviésemos recibiendo una limosna de parte de ellos y no un servicio que previamente pagamos”.

Por eso, por la victoria en medio de la pérdida, porque aunque son conscientes de que las mayorías tienen más opciones de ganar, hoy ya no temen hoy dar cualquier batalla – acompañados o no – y están decididos “a seguir ayudando a los trabajadores para que hagan valer sus derechos” y a solidarizarse cuando sea necesario.

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